El cuidado de tu amigo peludo no se reduce a darle de comer, a sacarle de paseo cuando te sobra tiempo, a llevarle al veterinario un par de veces al año o darle un baño mensual. Y es que los perros son más complejos de lo que imaginamos. Ellos, al igual que todos los organismos vivos, también mantienen una relación afectiva con su entorno ─claro, esto no es fácil de explicar ni de comprender, pues los humanos solo podemos hablar desde la experiencia humana, o sea, desde conceptos humanos─.

Debemos recordar que los perros evolucionaron alrededor de los hombres. Durante milenios se ha comprobado la íntima relación que un perro llega a tener con su amo. Este lazo no solamente se estrecha por necesidad o dependencia, sino que se fortalece por una conexión afectiva.

La historia nos ha regalado muchas pruebas, se ha sabido de perros que dan señales de una depresión crónica cuando mueren sus amos, y de otros que se escapan a buscarlos cuando se han ido. Estos son ejemplos de perros que no han sido abandonados, sus necesidades básicas aún están cubiertas, tienen quien les dé de comer y los lleve de paseo y al veterinario y demás. Pero han perdido el lazo afectivo que los unía a la vida, al deseo de vivir.

Si tienes un fiel amigo peludo comprenderás, pues habrás experimentado la felicidad que les da verte. Dedícale el tiempo que merece, fortalece el lazo que los une. Háblales, aunque no te entiendan verás el gusto que les da escucharte. Acicálalos, acarícialos, pero hazlo enfocando toda tu atención a ellos. Juega con ellos, involúcralos en actividades divertidas, principalmente por la noche, para que tengan un poco de ejercicio y duerman más profundamente.

Si tienes varios amigos peludos, y conviven con más gente en tu casa, asegúrate que cada quién, perro y humano, tenga alguna actividad especial con cada uno por separado. Así se estrecharán los lazos en todas las vías, logrando una convivencia más armoniosa y feliz.

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