Para tu compañero peludo (o compañeros) tú eres el mundo. Los perros, desde siempre, han sido animales de manada, quizá por eso es que son tan famosos por su gran lealtad. Por instinto, no les gusta estar solos. Para ellos, la soledad significa peligro, ese es el origen de la ansiedad por separación.

Esta ansiedad se manifiesta de muchas formas. Hay algunos peludos que adoptan comportamientos destructivos, mordisqueando sofás, zapatos o lo que sea que tengan al alcance (y a veces incluso cosas que no están muy al alcance...). Hay otros que no dejan de ladrar y chillar mientras están solos; hay algunos que orinan y defecan por toda la casa; y nunca faltan aquellos que hacen todo esto y más.

Esto sucede porque entran en un estado de crisis, quizá podríamos decir que algo como un ataque de pánico. Tienen miedo porque no estás tú.

(No se debe confundir la ansiedad por separación con el aburrimiento. Los peludos que tienen muy poca actividad y pasan mucho tiempo solos también llegan a aburrirse, y eso puede desencadenar todos estos comportamientos indeseados.)

¿Qué puedes hacer?

Pero hay buenas noticias, porque hay algunos peludos a los que no parece molestarles si se quedan solos por un rato. Esto significa que ellos pueden aprender a no tener miedo a esa soledad temporal, pueden llegar a comprender que pronto volverás y que no hay razón para perder el control. Así que, después de investigar un poco y preguntar otro poco, te traemos algunos consejos (por si tienes un problema así).

En la mañana, antes de irte, asegúrate de que tu amigo peludo haya tenido bastante actividad, sácalo a pasear, juega con él, etc. Así, cuando te vayas, él estará cansado y no le molestará echarse por un rato a descansar.

Procura despedirte bastante tiempo antes de irte, recuerda que ellos son animales de rutina y, si es muy ansioso, su estrés empezará a crecer cuando vea que haces todo lo que usualmente haces antes de salir. Rompe la rutina, arréglate para salir, toma las llaves y alista todo... y luego siéntate a ver televisión, a tomar un café o lo que sea, para que él no pueda anticipar tu partida.

Cuando llegue la hora de irte, solamente sal. No te despidas ni hagas un alboroto porque te vas, esto solo activará su ansiedad. Haz lo mismo cuando regreses, no le prestes atención hasta que se calme, no lo veas, no lo toques y no le hables; no recompenses su ansiedad. Si lo acaricias y lo consuelas por un comportamiento indeseado, solo estarás reforzándolo.

Como todo con los peludos, los resultados serán mejores si practicas constantemente. Empieza alejándote por pequeños lapsos, y luego increméntalos según progrese su comportamiento. Recuerda recompensar la actitud tranquila, así le ayudas a que él mismo supere su ansiedad.

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