Antes de casarme ya había tenido perros; Nina, una maltés (que cumple 17 años en julio), dormía conmigo.

Y es que, realmente, no lo puedo resistir: el dulce calor que te dan y sus tiernas miradas de amor cada mañana...

Así que cuando llegó Balty, al principio dormía con nosotros. Pero luego, con la llegada de Tencho, la cosa se puso casi imposible. A Balty le gusta dormir entre mis piernas (es súper friolenta) y Tencho quería dormir en mi almohada. En fin, con Tencho de sombrero y Balty de almohada entre mis piernas, dormir se hacía imposible. Así que decidí bajarlos de la cama.

La primera noche tuve que bajar a Balty al menos 20 veces. Una semana después no era más fácil, me la pasé despertando cada hora, como si tuviera un bebé recién nacido.

Esa fue una de las lecciones más importantes que he tenido acerca de las diferencias de las razas, y lo útil que es conocer las particularidades de cada una.

Balty es una Daschund (mejor conocidos como perros salchicha). Esa raza fue criada para cazar animales de madriguera, o sea que son muy testarudos y les gusta meterse en cuevas y espacios pequeños. Además, por la forma de su cuerpo y por su manto, suelen ser muy friolentos. Entonces convertí un viejo baúl en su cama, le hice una pequeña puertecita, la llené con muchas colchitas y le metí una blusa o un pantalón que usé ese día para que tuviera mi olor.

No fue una solución mágica, pero cada semana se subía menos. No me rendí y ahora duermen todos felices abajo (a menos que esté haciendo mucho frío y Balty se destape), yo descanso mejor, no desafiamos las jerarquías de la casa ni me arriesgo a lesiones de la columna. Además, fue más fácil para cuando llegó Keka; aunque por su discapacidad no se puede subir, igualmente, como no se mide, sabemos que si estuviera arriba se tiraría. O sea que, a pesar del dolor en mi corazón, ahora sé que la decisión fue la mejor.

Recomendaciones

  • No te rindas, ellos cederán eventualmente

  • No lo cargues para bajarlo de la cama, el contacto físico es una recompensa

  • Ponles un poco de tu ropa sucia en su cama, tu aroma les reconforta; eso ayuda con la transición

  • A los cachorros les puedes dar un peluche con un reloj de mano, de los que hacen “tic- tac”. El sonido les recuerda al corazón de su madre y les ayuda a no llorar


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