¿Y si probamos algo nuevo?

No soy una persona muy campestre que digamos. Los mosquitos, el polvo, dormir en el suelo, no es lo mio. Pero como seres humanos somos demasiado rutinarios, y de vez en cuando es sano experimentar cosas nuevas.

Este fin de semana pasado tuve la oportunidad de hacer un divertido experimento, mi primer intento de acampar junto a nuestros amigos de La Tribu K9 en el Parque Ecológico Jacarandas de Cayalá.

Como siempre me pasa al intentar algo nuevo, tenía un poco de miedo y no sabía qué esperar de pasar una noche en carpa con Tencho. Ya les he contado que él es un poquito pelionero (algunos de ustedes ya lo vieron en vivo...) y muchas veces eso es lo que más nos limita para ir a lugares, paseos y este tipo de actividades. Sin embargo, esta es la única forma en la que él puede aprender a ser más sociable.

Así que nos aventuramos. Conseguimos una carpa prestada (¡gracias a De patas arriba!), empacamos nuestra bolsa de dormir, un buen sudadero, un rollo de papel, bolsas para recoger desechos y muchas galletas GuauBox para compartir con todos. 

¡Carpas listas!

¡Carpas listas!

Un grupo muy divertido

Rolo, Tencho y Nacho

Rolo, Tencho y Nacho

Este tipo de actividades suele reunir a personas que combinan el amor por la naturaleza y por los perros con una pizca de locura. Liderando el campamento estaban mis amigos de la manada De patas arriba, Bingo y Ramela (dos perritos mestizos originarios de Rep. Dominicana), Molly (una golden con la energía de 15) y Salchi (integrante temporal de la manada), supervisados por su amoroso padre perruno, Aroldo, y su hija humana Lea. También estaban Nacho (un hipersociable yorkie), Becka (una mestiza de pocos amigos) y Rolo (un mestizo buenote como el pan) de mi buena amiga Ceci.

Ahí hicimos nuevos amigos. Conocimos a Bonnie (una mestiza un poco miedosa pero con carácter; fue la única que puso a Tencho en su lugar) y a su mami Blanca, a Troy (un rottweiler enorme y súper noble) y a su mami Mery, a las chicas Frida y Caly (dos mestizas muy curiosas) y sus papis Lorena y Carlos, a Lenon (un hermoso labrador que sufrió un poco de bullying de parte de Tencho) y a su papi Julio, y finalmente el querido Negrito (un mestizo muy activo) y su paciente madre Majo. y no podia faltar una de nuestras profes favoritas Dany

Una aventura refrescante

Al llegar hicimos una caminata en el bosque, de un poco más de una hora, para cansar un poco a los perros y que quizá así nos dejaran dormir. No tienen idea cuánto disfruto al ver a mi enano ser feliz en el bosque, intentando marcar cada árbol, cada rama y cada parche de monte (claro que después de un par de marcadas ya solo hace como que hace). Es una sensación muy bonita, verlo socializar y jugar con otros perros, mientras yo me desintoxico del ajetreo de la vida cotidiana.

Luego regresamos al campamento y buscamos un poco de leña para encender una fogata. Pasamos el atardecer sentados alrededor del fuego, y se nos hizo de noche entre risas e historias de las travesuras de nuestros perros. 

 

Algo muy interesante sucedió cuando la oscuridad nos rodeó. Los perros automáticamente entraron en modo de manada en alerta, ya no se preocupaban por ver quién mandaba entre ellos, ni por jugar o curiosear. Fue increíble ver cómo cambió la prioridad de la manada proteger y a estar alertas del entorno.

Intentamos cenar, pero fue un poco caótico, ¡entre el alboroto creo que a alguien le robaron un paquete entero de salchichas! Yo, creyendo ser muy práctica, llevé una latita de atún que resultó ser algo complicada, ya que todos los perritos querían de mi atún. Al final de una velada muy agradable, un par de marshmallows y una tazita de café, me fui a acostar (un poco temprano porque ¡al día siguiente había que ir a pasos!).

Ya en la carpa nos abrazamos con Tencho y nos quedamos dormidos. Durante la noche resultó que Nacho, el yorkie de Ceci, decidió que no quería estar en la carpa, así que rompió el zipper y se dió a la fuga. Tras él salieron Rolo y Becka. ¡Y todos los demás se despertaron y querían salir a investigar! (Todo esto me lo contaron, porque yo estaba bien dormida y no me di cuenta.) 

Amanecimos abrazados en una mañana fría, descansados y muy contentos de haberlo intentado. Fue una experiencia muy linda que me dio la oportunidad de pasar tiempo de calidad con mi chiquillo.

Vamos por más

Pero con este experimento solo me me picó el gusanito. Ahora quiero intentarlo en serio, así que muy pronto lo repetiremos, ¡solo que esta vez será más lejos y vamos a ir con la casa llena!

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