Rocky

Rocky

Hace algunos meses conocimos a Adriana y a su fiel Rocky; él es un hermoso mestizo, súper amigable y lleno de energía.

Recientemente Rocky cumplió su primer año. Por lo que Adriana nos contactó para que le preparáramos su pastel. Mientras platicábamos nos contó la historia de Rocky, y desde entonces pensamos que todo el mundo debería conocerla.

Y es que hay algo muy profundo en la relación entre los peludos y sus humanos. Nosotros creemos estar haciendo una buena obra o siendo muy humanitarios cuando rescatamos a un perro, pero la realidad es que, al final de cuentas, son ellos los que terminan rescatándonos a nosotros.

A continuación les dejamos la historia de Rocky, en palabras de Adriana (su humana).

“Desde el primer momento que ví a Rocky supe que se tenía que venir conmigo.”

Un día el policía del lugar donde trabajo rescató a dos perritos que andaban por allí perdidos, eran Rocky y su hermanita. Él no podía quedárselos, por lo que los puso en una caja y los cuidó por unas horas, mientras esperaba a que saliéramos del trabajo para ver qué podíamos hacer con ellos.

Desde el primer momento que vi a Rocky supe que se tenía que venir conmigo porque él y yo haríamos un buen equipo. Engañé a mi mamá diciéndole que solamente lo iba a cuidar un tiempo y luego lo iba a dar en adopción. Sólo así aceptó. Lo importante era que ya estábamos juntos.

Los llevamos al veterinario (a él y a su hermanita). Allí los desparasitaron y les hicieron varios exámenes para ver que todo estaba bien con su salud. Les cortaron las uñitas y nos tardamos como una hora quitándoles todas las pulgas. La veterinaria dijo que tenían apenas un mes de nacidos, y nosotros decidimos que la fecha de su cumpleaños iba a ser el 12 de Febrero.

Rocky camino a casa

Rocky camino a casa

¡Vamos a casa!

Finalmente me dijeron que me lo podía llevar, me sentí realizada y le compré todo lo que yo creía que necesitaba en mi casa. En mi cabeza iba a lograr que durmiera en su cama y no iba a dejar que se subiera a la mía. Esa primera noche me di cuenta de que nunca iba a volver a pasar una noche durmiendo sola y que mi idea de dejarlo durmiendo abajo era ilógica.

Rocky entró a nuestra vida de una manera inesperada y nos la cambió increíblemente. Los primeros meses fueron algo caóticos, mientras le enseñábamos a ir al baño, coordinábamos sus horarios de comer y dormir y aprovechábamos para que aprendiera algunos trucos. Esos primeros meses los pasé, más que todo, enamorándome de él cada día más, sorprendiéndome todos los días de lo inteligente que es.

Hoy, Rocky es un perrito amado y lleno de vida. Tiene la energía de un cachorro de 5 meses pero es tan grande como un perro de varios años de edad. ¡Sabe varios trucos y le encanta dar high five! Yo sé que él está seguro de lo mucho que lo amamos. Ayer cumplió un año y pronto cumpliremos un año desde que estamos juntos. No hay día que no le agradezca a Diosito por juntar nuestros caminos, porque a pesar de que él era el que estaba huérfano y abandonado, fue él quien me cambió la vida a mí.


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